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ALO… comunicación directa con Dios.

A: adora
L: lee
O: ora

ADORA

LEE
Jeremías 33:3 NVI  Clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes.

Orar es… Encontrar respuesta en Dios

Clamar a Dios en oración te permite encontrar respuestas ante el temor de lo desconocido, y descubrir cosas nuevas y ocultas.

ORA

- Buenos días (tardes) Padre, Hijo y Espíritu Santo.  Gracias por el regalo de la vida.
- Declaro que tu eres santo,majestuoso y omnisciente,  lento para la ira y grande en misericordia, eso mi alma lo sabe bien.

- Reconozco que en mi vida enfronto situaciones que me atemorizan, y al no saber me abruman.

Te pido:
     - Des respuesta a algunas dudas que tengo ante lo desconocido, porque tu lo sabes todo.
     - Por favor quita  el temor que hay en mi mente y corazón.
     - Hazme entender todo aquello que no comprendo y muéstrame cosas grandes y ocultas que desconozco.
     - Suple todas mis necesidades (dile a Dios cada una de ellas)
     - Perdona mis pecados y mis errores y con tu sabiduría y dirección hazme una mejor persona cada día.
     - Intercedo por mi familia para que te conozcan cada uno de ellos, como Salvador y Señor de sus vida, donde reine tu presencia y amor.
     - Permite que cada joven y adolescente pueda conocerte y experimentar tu perdón y amor.
     - Libra mi ciudad y país de la maldad, violencia, ignorancia, pobreza y pecado.

- Ahora, por favor habla a mi mente y corazón para saber tu voluntad y propósito…. (quédate unos minutos en silencio)

Gracias Dios dar paz a mi corazón y por todas las cosas que tu estás haciendo y harás, en el nombre de Jesús, Amén.

Pastor Byron Sales Curiel  

Evangelio según San Lucas 2,22-40. según la santa Biblia


Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,

Como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
Y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,
Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
Porque mis ojos han visto la salvación
Que preparaste delante de todos los pueblos:
Luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,
Y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Manuel, de la familia de Asar, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.

Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.

El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

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